El plástico se ha vuelto omnipresente en nuestra sociedad debido a su durabilidad y bajo costo. Sin embargo, su uso generalizado ha llevado a la presencia de microplásticos, pequeñas partículas de plástico, en diversos entornos, incluyendo el suelo, el agua, el aire e incluso los alimentos que consumimos. Esto ha generado preocupación sobre la cantidad de plástico que ingerimos a diario y los posibles efectos en nuestra salud.
La ingesta de microplásticos a través de los alimentos
Se han encontrado microplásticos en alimentos tan comunes como la sal, los pescados y mariscos, las frutas y verduras, así como en bebidas como la cerveza y los refrescos. Estos microplásticos pueden provenir del propio alimento, del envase en el que se encuentra o de la deposición atmosférica de partículas de plástico sobre el alimento.
Según estudios, se estima que un adulto promedio ingiere alrededor de 883 partículas de microplástico al día, lo que equivale a aproximadamente 583 nanogramos de plástico. Si la fracción más pequeña de estos microplásticos (1−10 μm) se acumula en el cuerpo a lo largo del tiempo, una persona podría llegar a tener hasta 320 partículas a los 18 años y 50.100 partículas a los 70 años.
Además, se ha encontrado microplásticos en heces humanas, tejidos pulmonares y muestras de sangre, lo que indica que los seres humanos ingerimos e inhalamos microplásticos, y que estos pueden encontrarse en diferentes partes de nuestro cuerpo.
Efectos en la salud
Aunque todavía hay poca evidencia sobre los efectos de la ingestión de microplásticos en la salud humana, un estudio observacional encontró una relación significativa entre la concentración de microplásticos en las heces y la enfermedad inflamatoria intestinal. Otros estudios in vitro han demostrado que las células humanas pueden incorporar microplásticos y que estos pueden causar daños como estrés oxidativo y muerte celular.
Microplásticos en el agua
El agua es una fuente importante de microplásticos en nuestra dieta diaria. Estudios han encontrado microplásticos en muestras de agua del grifo, tanto en fibras como en fragmentos de plástico de diferentes tamaños y formas. Aunque las concentraciones de microplásticos en el agua del grifo son generalmente bajas, su presencia plantea preocupación.
Las plantas de tratamiento de agua potable pueden eliminar o reducir la concentración de microplásticos en el agua, pero la eficacia de este proceso varía según la tecnología utilizada. Además, se han encontrado microplásticos en agua embotellada, tanto en botellas de plástico como de vidrio, principalmente debido al embalaje y los procesos de limpieza de las botellas recicladas.
Hacia una mayor vigilancia
Actualmente, no existen regulaciones que establezcan límites máximos permitidos de microplásticos en el agua potable. Sin embargo, se espera que para el año 2024 se establezca una metodología para analizar y vigilar los microplásticos en el agua potable, con el objetivo de evaluar los posibles riesgos para la salud.
La evaluación de los riesgos asociados con los microplásticos es compleja debido a la diversidad de polímeros, tamaños y formas de estas partículas. Además, algunos aditivos químicos presentes en los microplásticos pueden tener efectos negativos en la salud humana.
Aunque aún se necesitan más investigaciones, existen evidencias de que ingerimos microplásticos a diario a través de los alimentos y el agua, y que estos pueden tener efectos en nuestra salud. Es importante que se realicen más estudios y se establezcan regulaciones para reducir nuestra exposición a estos contaminantes.
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